Después el avión rojo despegaba nuevamente para llegar a la siguiente ventana, el destino era París, una caminata por Les Champs Élysées, para después buscar el famoso café del cuadro que tenía mi papá en la sala, la búsqueda no fue buena y no lo encontré, caminé un poco mas hasta llegar a la majestuosa Torre Eiffel que como siempre ya empezaba a ser iluminada pos sus miles de focos justo cuando la noche comenzaba a caer. El avión despegó sin rumbo fijo y mi mano se agitaba por el cielo.
Era hora de guardar el avión, entre a casa, mi mamá me aviso que la cena estaba lista, deposité el avión con delicadeza encima de la mesa, la leche y el pan estaban deliciosos, remojaba el pan dentro de la leche caliente, y me daba a la tarea de recordar cada detalle de mis viajes, trataba de plasmar una fotografía de cada país visitado, y compararlas con las fotografías que tenia papá en su despacho.
Terminando de comer, tomé nuevamente mi avión y lo elevé a través del comedor, y mantuve el vuelo hasta aterrizarlo en su lugar, la cómoda de mi habitación, me asomé por la ventana, mía papá alguna vez me contó algo de las luces de la primavera, la manera en la que el cielo se pone naranja justa al alba, la hora en la que el sol decide esconderse y da paso para que la luna brille en el eterno infinito del cielo.
El timbre de casa sonó, y yo corrí, probablemente papá que llegaba después de tanto tiempo, pero solo era un vecino pidiendo unos huevos a mamá, regrese a mi habitación, tomé el libro de Leon Tolstoí, que me había regalado el otro día un joven que caminaba por aquí, yo le pedí su canario pero el me dio a cambio el libro, "Ivan el Imbecil y otros cuentos", lo leía con mucho entusiasmo, yo creo que por que era el primer libro que leería en vida, sin contar los cuentos de Sherlock Holmes que papá me contaba antes de dormir.
Decidí asomarme una vez más por la ventana, para ver cuantas estrellas habían llegado a mi ventana, de pronto una niña caminaba en la acera de enfrente, su rostro brillaba de manera poco común, creí que era una estrella y salí corriendo para verificarlo, crucé la calle y al subir la banqueta tropecé a los pies de aquella niña del rostro brilloso, pero el rostro le había dejado de brillar, fue cuando me percate que el brillo en su rostro era causado por la lámpara que se encontraba a un lado nuestro. Al verme tendido en el suelo empezó a reír y la luz que se había apagado en su rostro de repente, apareció de nuevo.
Mi vergüenza y el asombro me hicieron levantarme rápido y correr de nuevo a casa, hasta mi cuarto y pegarme a mi ventana, para ver como un señor jalaba de la mano a aquella niña que le brillaba el rostro.
La mañana siguiente fue como todas las mañanas de sábado, salvo por el regaño de mamá por el raspón en mi rodilla, era hora de mi vuelo matutino, me gustaba ver el amanecer en Japón, así es que tomé mi avión y lo dirigí lo más lejos de casa(dentro de los limites de mi patio por supuesto), el aterrizaje fue forzoso ya que alguien había colocado excremento en la pista de aterrizaje. Los amaneceres en Japón eran mis favoritos, ahí parado podía entender por que era la tierra del sol naciente.
Justo cuando el avión iniciaba su despegue hubo un objeto no identificado en la pista, al parecer era un zapato, nada más y nada menos que de la niña brillosa de la noche anterior, -
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2 comentarios:
Me gusto
el mejor de todos. hasta ahora...
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