9.8.08

El anillo

La circunferencia perfecta, rota. No sé como sucedió, de pronto salieron volando dos mitades, y mi dedo quedo desnudo después de cinco años de vestir aquel anillo grabado con detalles celtas.

Puse las dos mitades sobre la barra de ese bar, la incertidumbre llenaba mi mente, bebí un trago de mi cerveza y James Joyce arribó a mi mente, lo único que me faltaba para darme cuenta donde se encontraba mi culo sentado.

La lluvia azotaba Dublín,y yo seguía ahí sentado preguntándome por que se había roto mi anillo, por que se había quebrado en dos partes, precisamente en la misma ciudad donde lo compré cinco años atrás, pedí el primer Whiskey de la noche, la pinta de Guinnes aún no llegaba a su fin pero eso no importaba, no existía mejor mezcla que aquella originada por esa cerveza, y cualquier Whiskey irlandés.

Y Joyce me susurro al oído "El pasado se deshace en el presente, y el presente no vive más que para dar origen al futuro"

Tomé una vez más las dos partes y las uní el Nudo Celta estaba partido, desecho, aquel símbolo de amor eterno estaba roto, no podía haber otro significado, tome las dos piezas y las coloque en una bolsa de mi chaleco, pagué mi consumo, y salí a sentir la lluvia de aquel místico país.

La fabrica Guinnes enfrente de mi, me invito a caminar a la derecha, salí a la calle James, después seguí de frente para tomar la calle Bridgefoot, hasta que topé con el río Liffey, dentro de mi escuchaba una voz, esta vez no era Joyce, pensé que habia abusado de las bondades Whiskey y que era lo que me traía esas voces dentro de mi, pero la voz seguía sonando no en mi cabeza, si no a la altura de mi corazón, camine río abajo por el muelle Rogerson, la voz dentro de mi cada vez era más nítida, llegue al final del muelle y ya no sabía a donde dirigirme, pero la voz no dejaba de hablarme, le hice la parada a un taxi y sin saber por qué le indiqué al chofer que me llevara al mar.

La lluvia seguía amenizando el camino, el taxista se iba metiendo por diferentes calles, el sabía a donde me dirigía, por último tomo una calle bastante larga que subía una colina, el nombre de la calle es Pigeon House, que traducido sería la casa de la paloma.

El taxi anduvo hasta donde pudo recorrer, hasta donde el camino concluyó, me indicó que de frente encontraría lo que buscaba, pague el viaje hasta ahí y bajé.

La voz dejo de escucharse, de frente a mi tenía el origen y comprendí que hacía ahí, metí mi mano a la bolsa del chaleco y saqué el anillo desecho, lo apreté fuertemente en mi mano y sin pensarlo lo lancé ahí, a la inmensidad, a la madre de todo, al mara en celta.

El taxi aún me esperaba en el lugar donde me dejó, agradecí su espera y lo monte, el señor que manejaba el taxi, me preguntó "¿Qué le ha dicho Lyr señor?", yo no comprendía su pregunta, así es que me acerqué un poco más, y le pregunté ¿Quién es Lyr? Me percaté que era un hombre de unos sesenta años de edad que se mantenía en forma, el sonrió y me dijo - Lyr es el dios del mar para los celtas. El mar inicia todo señor y por lo tanto termina todo, en su eterno circulo, ahí renacen los que mueren y mueren los que nacen. -

Me eche para atrás en el asiento de aquel auto y mi rostro marcó una sonrisa mientras pensé...

RENACEN LOS QUE MUEREN.....

La Espera

19°29′52″N 99°7′37″O, <-- Esa es mi ubicación, pero si quieren que sea más especifico, estoy sentado frente a una computadora, en mi cuarto, con las luces apagadas y una cerveza destapada. Quién soy? No lo sé, y no me interesa saberlo aún. A donde voy? lejos, no se hasta donde pero si sé que es lejos de aquí, y no me refiero al movimiento físico en el espacio y tiempo, ir lejos va más allá de eso, pero no quiero discutir con los físicos teóricos matemáticos, acerca de moverse o quedarse estático.

Así comienza mi historia...

Las once de la mañana con tres minutos, "7 años" es mucho tiempo pensé mientras pedía mi primer taza de café, tomé el periódico del día para hacer mi espera menos fastidiosa, y un poco más confortante.

Leí algunas noticias, llegué a pensar que había tomado un periódico de algún año anterior, por que siempre aparecían las mismas notas, en ese instante recordé a uno de mis profesores que solía decir, "Que el sol salga todos los días, es vital para el ser humano, pero no es una noticia, será noticia si algún día deja de salir", con los hechos siempre tan repetitivos, ya tendrían que haber dejado de ser importantes para nosotros. Deje el periódico a un lado, y observe mi reloj, once con veinticinco minutos, le dí el último trago a mi primer café.

La cafetería empezaba a llenarse, poco a poco iban llegando personas y se iban depositando en los asientos vacíos, me felicite por la excelente ubicación de la mesa que elegí, el sol apenas y se colaba por una de las persianas descompuestas de aquel lugar, la iluminación era perfecta, la ventilación estaba a solo dos pasos de distancia, lo cual provocaba una frescura inigualable, y que con el calor a más 28 grados en el exterior realmente era reconfortante ese aire frío, realmente hice una excelente elección pensé.

La mesera se acerco a servir la tercera taza de café, mi cuaderno de apuntes ya llevaba algunas anotaciones, importantes, destaqué el posicionamiento de mi mesa en aquella cafetería, hice un croquis, y anote algunas lineas que después me ayudarían a escribir "algo", mi reloj marcaba las once con cincuenta y nueve minutos, trate de ignorar la hora, y seguir con mis apuntes.

El temblor en mi mano era visible a metros, sin embargo la mesera intentó llenar nuevamente mi taza, yo le pedí que por favor no lo hiciera, y mejor ordene una botella de agua, mis piernas no dejaban de pensar, no sé si por el café, por las ganas de ir a orinar, o simplemente por la desesperación de que ella no aparecía, decidí ir a desechar todo el café que había consumido, regresé a mi asiento, abrí mi botella de agua.

La botella de agua estaba apunto de llegar a su fin, y la espera también, me levanté tome mi cuaderno de notas, dejé un billete que seguro cubriría las tazas de café, la botella de agua, y las atenciones de la mujer que me atendió. Caminé sin detenerme, la mesera al recoger la mesa se percató que había dejado algo sobre la mesa, intentó detenerme pero ya no era necesario yo no la escuche. Minutos después la mesera, tomo el papel y lo leyó detenidamente:

7 años no son nada, aún puedo olerte al amanecer,

todavía puedo sentir el roce de tu piel por las noches,
y puedo escuchar la forma en que suavemente susurras,
mi nombre en la oscuridad,
sé que ya no me amas,
pero aún sigues deseándome dentro de ti.
7 años son un suspiro, ese que muere en tus labios,
puedo esperar 50 años más si es necesario.
Tú sigue en el cielo.