18.8.08

El perseguidor

Las uñas largas y bien definidas de su mano no dejaban de golpear la mesa al ritmo de la música
dentro del salón, el conjunto de Jazz tocaba una versión instrumental impecable de Blues for the
brother Goerge. El saxofonista no dejaba de observarla mientras hacía su ejecución, la mujer
correspondía las miradas de aquel sujeto, la soltura da las notas hacían vibrar cada fibra de aquella mujer, que en repetidas veces mordía su labio inferior, y cerraba los ojos, como si las notas que emitía aquel saxofón le fuera quitando, su vestido negro de una sola caída, y que después esas mismas notas, fueran avanzando ya en su piel desnuda por esos lugares que solo sus amantes podían tocar.

Al terminar la brillante ejecución del grupo de jazz, miró su reloj; era hora de irse o su perseguidor
la encontraría ahí, y eso no era tan conveniente para sus planes.

Salio de aquel oscuro club de jazz. La noche de Valaquia era formidable, justo como en todos sus
sueños, el frío era soportable, y las copas de vino junto con su abrigo lo hacían aún más apacible,
Caminó calle abajo, el club no se encontraba lejos de su hotel, por eso lo había elegido. Aun caminaba
gente por la calle, lo cual no le gusto del todo, ella quería la noche para ella sola, si no su perseguidor jamas llegaría.

Calles más adelante, se topó con una tienda de esas que abren las 24 horas, pidió unos cigarros,
mentolados extra largos, pagó y salio del establecimiento se detuvo a hurgar en su bolsa hasta encontrar su encendedor, prendió el tabaco y siguió su camino.

Volteaba en todas las esquinas, sus ojos buscaban algo o alguien, sus labios pintados de rojo succionaban, el tabaco, la desesperación empezó a crearse en ella, su perseguidor no se encontraba por ningún lado, se introdujo a una calle zuela lúgubre, mientras pensaba que mejor lugar para encontrar a uno de su especie, que este lugar. miraba al cielo, para ver si veía alguna especie de murciélago, y así animarse a seguir en la búsqueda de su perseguidor, peor no halló nada fuera de lo normal.

Salió de la estrecha calle, y se enfiló en dirección de su hotel, llegó hasta ahí, pidió su llave en la recepción y subió a su cuarto. Dentro se quito lentamente el vestido desamarrando el nudo en su nuca, y lo dejo caer, sintió como las notas de aquel saxofón tocaban su piel, abrió la ducha y terminó de desnudarse, el agua caliente recorría su cuerpo, su manos sobaban cada rincón de su piel. Cerró la regadera, tomo la toalla y empezó a secar su cuerpo, después se vistió con la bata de baño que colgaba cerca de la puerta y salió nuevamente a la recámara. La ventana se encontraba abierta, ella esbozo una pequeña sonrisa, y dijo, sabría que vendrías.

Dio media vuelta y lentamente clave mis colmillos en su cuello.